Nos
encontramos en la actualidad en una Unión de la cual muchos de sus ciudadanos
no conocen sus ya relativamente antiguos
fundamentos. Gran parte de la población, no sólo a nivel mundial, sino los
mismos ciudadanos de la Unión, conciben lo que llamamos Unión Europea como algo
que ha surgido de la nada, como un mero acuerdo al cual diferentes Estados han
decidido adherirse. Crece en la actualidad el descontento con este “invento”,
el cual parece que no está dando los resultados deseados, al menos en el
aspecto económico. Se pueden considerar baches en el camino o bien puede
entenderse como una gran brecha que va a hacer difícil conseguir los objetivos
que se plantearon en un principio.
Cabe
hacer una aclaración respecto a la forma en que surgió la Unión Europea, la
idea de una Europa unida. No se trata de un pacto o un mero acuerdo que haya
dado lugar a lo que ahora tenemos, sino que estamos hablando de un proceso de
integración que empezó ya en el siglo XIX y del que se podría, incluso,
encontrar precedentes con anterioridad, ya que la idea de una Europa con rasgos
comunes comienza a surgir en el siglo XVII, con los tratados de Osnabrück y
Münster (Paz de Westfalia, 1648). Es
con el sistema europeo de Estados que este conjunto de pueblos que se encuentra
en el continente europeo se comienzan a dar cuenta de que tienen algo en común,
algo que les hace diferentes al resto. A pesar de ello, aun habrían de tener
lugar muchas guerras fratricidas que pondrían en peligro esta idea de unión,
pero que a su vez sirvieron como argumento para fundamentar la necesidad de la
misma para evitar acontecimientos de la misma naturaleza en un futuro.
Destaca
ya en el siglo XX el papel de Aristide Briand y su propuesta de federación
(denominada Unión Europea). A pesar de ello, el contexto histórico no permitió
que evolucionara esta idea. La gran depresión del 1929, sumada a los fascismos
que comienzan a nacer en Europa rompen con esta idea de unidad de pueblos
europeos para realzar los nacionalismos. Todo esto desembocaría en el
acontecimiento del siglo: la Segunda Guerra Mundial. Europa terminó destrozada
por completo, tanto en el plano económico como en el anímico. Además, nos
encontramos ahora ante una Europa dividida (división de Alemania) y con grandes
presiones por parte del bloque comunista para intentar ganar posiciones en el
viejo continente. En contraposición encontramos el plan de los Estados Unidos
para plantar cara a la posible expansión del comunismo en Europa: el Plan
Marshall. A grandes rasgos se puede considerar un plan ideado para la
reconstrucción de Europa después de la penuria económica que sufrían la mayor
parte de Estados tras la guerra. Sin adentrarnos en detalles, el Plan Marshall
exigía a los Estados europeos cierta organización para hacer efectivo el
soporte económico por parte de los Estados Unidos. Encontramos aquí ya cierta organización
en común, con el trasfondo del incentivo económico propuesto por los Estados
Unidos de América.
Teniendo
en cuenta lo anteriormente mencionado, y en el contexto de principio de cooperación
entre los Estados europeos, tiene lugar el Congreso de Europa en 1948, de la
cual surgiría, además del Consejo de Eruopa, la CECA (Tratado de París, 1951), que sería el primer paso
de la integración europea. Se pretende así establecer cierta paz entre Alemania y Francia, mediante la creación de un mercado común, a pesar de que sólo sectorialmente, es decir, limitado al carbón y el acero (recursos esenciales en la época y muy vinculados con la producción bélica). Tal como
indicaría Schuman en su histórica declaración en 1950, no debía entenderse la
CECA como un fin en sí misma, sino que era el inicio de un proceso de
integración que se iría moldeando en los próximos años y que daría lugar a la
Unión Europea tal como la conocemos ahora, mediante posteriores modificaciones
y aportaciones en forma de tratados (Ámsterdam, Maastricht, Lisboa…), pero que
no serán analizados en esta ocasión.
Fuentes: Instituciones y Derecho de la Unión Europea (Araceli Mangas Martín, Diego J. Liñán Nogueras)
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